Murió el 13 de febrero en el Hospital Clínico de Salamanca cuando aún estaba despertando en la vida. Tenía 13 años y su nombre era Jose Ángel; parece que su segundo nombre hace justicia de cómo era: un ángel enviado por Dios. Era seminarista (entró al Seminario cuando era el último de mi estancia). Estuvo entregado a todos y fue "un hombre bueno en el buen sentido de la palabra" (A. Machado). Siempre estará en el corazón de todos los que le conocimos y, especialmente, en el de sus padres. Sus padres, en un gesto de fraternidad, donaron sus órganos para dar vida a otros. Dentro de poco escribiré un poema dedicado a él. Descanse en paz.