Murió el 13 de febrero en el Hospital Clínico de Salamanca cuando aún estaba despertando en la vida. Tenía 13 años y su nombre era Jose Ángel; parece que su segundo nombre hace justicia de cómo era: un ángel enviado por Dios. Era seminarista (entró al Seminario cuando era el último de mi estancia). Estuvo entregado a todos y fue "un hombre bueno en el buen sentido de la palabra" (A. Machado). Siempre estará en el corazón de todos los que le conocimos y, especialmente, en el de sus padres. Sus padres, en un gesto de fraternidad, donaron sus órganos para dar vida a otros. Dentro de poco escribiré un poema dedicado a él. Descanse en paz.



Me dejas helada ami estas cosas me duelen muco prque soi muy empatica y no sabes cuanto lo siento desde aqi mimas sentido pesame y todos mis animos y fuerzas para ti lo siento de veras , mil besos.
Recordemos a los que se lo merecen.
Descanse en paz. Y resignación para sus padres, que han tenido la visión de solidaridad a pesar del dolor.
Un beso amigo
Parece que la muerte no nos deja vivir bien la vida...13 años, en plena flor de la vida...qué decir...a parte de que te acompaño en el sentimiento...dicen que si se recuerda a alguien nunca puede morir porque estará vivo en tus recuerdos, en tu corazón...es un lugar para vivir.
Muchos besos y un abrazo