Antes de la carne el verso,

mujer.

Antes de la mirada el beso,

para desenvainar el alba,

para escuchar el viento

que puebla tu boca.

Baila en la mañana vestida de nardos

sabiendo que la noche es prisión de palomas,

hambre de supervivencia.


Dejo que te abrace la flor

que crece entre mi cabello;

Una flor que ha nacido

de la tempestad y la brisa.

¿Y tu boca de dónde nació?

Soñé que nacía del quebrantador

trote de cien mil caballos salvajes,

libres de herraduras y ataduras.

Pero ese sueño nació

cuando tú me despertaste

con un beso.