¡Ay, tu ausencia cuánto daño me produce! Pero, no; no pienses que este dolor de tu pérdida me hará enterrar mis lágrimas en tu tumba. ¡No; jamás! He de estar en el frente de esta batalla que libro contra tu ausencia.
Deambularé por calles florecidas, no putrefactas; porque cada paso firme mío, será tu renacer.