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Terra
La Coctelera

Categoría: Poesía

5: Para que tú me oigas

Este poema es del libro tan conocido de Pablo Neruda: Veinte
poemas de amor y una canción desesperada.
Lo pongo porque estoy falto de inspiración y además porque Maribel se acuerda de mí. Abrazos y besos para algunos en especial.


Para que tú me oigas

mis palabras

se adelgazan a veces

como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel
ebrio

para tus manos suaves como las uvas.

Y las miro
lejanas mis palabras.

Más que mías son tuyas.

Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan
así por las paredes húmedas.

Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están
huyendo de mi guarida oscura.

Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que
tú poblaron la soledad que ocupas,

y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero
que digan lo que quiero decirte

para que tú las oigas como quiero que me oigas.

El viento
de la angustia aún las suele arrastrar.

Huracanes de sueños aún a veces las tumban.

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.

Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.

Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.

Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

Pero se van
tiñendo con tu amor mis palabras.

Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo
de todas un collar infinito

para tus blancas manos, suaves como las uvas.

En los juncos de mi corazón

En los juncos de mi corazón una reyerta de relinchos se fragua. Enseñan a los pétalos que no pueden ser dueños de tu corazón.

De las puñaladas escritas al aire, algunas hieren los telares de mi alma; otras cortan los sarmientos de mi canto.

Un ejército de dientes afilados se cierne sobre mi espalda como la muerte sobre el tiempo. Cientos de limoneros me cobijan bajo su sombra mientras espero que la espada de hielo no rasgue mi voz de fuego. De mi respirar brotan huracanes, más aún si a mi paso nacen murallas de quebranto y desgarro. Humos de maderos y cacerolas heridas aspiro para que me habiten los pulmones cuando acecha la umbría humana.

Aún en construcción este poema pero qué os parece

Antes de la carne el verso,

mujer.

Antes de la mirada el beso,

para desenvainar el alba,

para escuchar el viento

que puebla tu boca.

Baila en la mañana vestida de nardos

sabiendo que la noche es prisión de palomas,

hambre de supervivencia.


Dejo que te abrace la flor

que crece entre mi cabello;

Una flor que ha nacido

de la tempestad y la brisa.

¿Y tu boca de dónde nació?

Soñé que nacía del quebrantador

trote de cien mil caballos salvajes,

libres de herraduras y ataduras.

Pero ese sueño nació

cuando tú me despertaste

con un beso.

Levantando la tierra que piso

Hay colillas que tienen
reflexiones de media
hora de pulmón ígneo,
junto a un vaso borracho.

Hay revistas que leen
a sus lectores ciegos,
buscando frases sordas
con sabor a limón.

He oído a gallos mudos
que en su canto se ahogan,
anunciando el ocaso
con violines y pianos.

Me han besado serpientes
en un desierto de agua
y he dormido sus sueños
de flauta y encantador.

No quiero tocar nubes
con ojos de videntes,
ávidos de mentiras.
Quiero soplar las brisas

que traen marineros
para enseñarme el mar
donde flotan dineros,
odios, guerras y muertes.

He escuchado el silencio
y lo he guardado en bocas
de ligeras palabras
y de plumas con tinta.

Hay arco iris sin colores
que aparecen de noche
cuando, sentado en una
roca, busco mi cuerpo.

Me corten la lengua

Una de las canciones del último disco de Marea, uno de mis grupos de cabecera.

Me dijiste "píntame" y pinté una luna
luna de cuarto menguante con guante de podar,
que con la otra mano agita cacerolas
con el ruido de las olas que las tiene enamorá
y lloraste al verla: "imagínate que te pinto yo a ti
un sol radiante y lo pongo delante pa cuando no estés"

que me corten el gaznate si no veo que se baten
mariposas a tu andar
si no lloro una bahía cuando estés loca perdía
de conmigo cojear

le pedí que no me ataras y empezamos
con los nudos en las manos, los grilletes y el bozal,
que más tarde, cuando el día no ejerza
con la camisa de fuerza nos pondremos a bailar,
y trastabillar entre tanto pie que no sabe trabarnos
ni sabe quitarnos las llaves del anochecer

que mala muerte me venga o me rebanen la lengua
si te quise querer mal
tú me diste tanta fiebre, yo te di perro por liebre
y nos quedamos en paz.

que si la noche se estaba encuerando no fue para verme
lo que quería es cincuenta y la cama ¿con quién?, daba igual
con troncos viejos que con calaveras, que esconden los dientes
con dedos largos que nadie les queda para señalar
con los muñones que escriben derecho en renglones torcidos
con el olvido que siempre se acuerda de resucitar,
con los relojes que me echan las cuentas y no han entendido
que no me he rendido, quise fracasar

que me ronden moscardones al olor de los cajones
que una vez cerré por ti
si palpitan cremalleras al compás de primaveras
que no las quieren abrir
que se caiga el sol a cachos, y con él el dios borracho
que te quiso hacer sufrir
que te echó su mal aliento que yo transformé en cemento
para hacerte sonreír.

Mi regreso hacia ti

Vuelvo para que tus ojos
se enraícen en mis palabras
para que tu piel sea el pasto
de mis versos,
la llanura fiel del caminante.

Vuelvo como de la hazaña del recién nacido:
para respirar.
Impertinentes gestos
utilizo cuando busco conmoverte
aunque tú jamás veas esos gestos.

Regreso como siempre
con lo necesario:
las palabras.

(Después de mucho tiempo he vuelto pero me va a ser dificil escribir continuamente)

Firmeza sin tu ausencia

¡Ay, tu ausencia cuánto daño me produce! Pero, no; no pienses que este dolor de tu pérdida me hará enterrar mis lágrimas en tu tumba. ¡No; jamás! He de estar en el frente de esta batalla que libro contra tu ausencia.
Deambularé por calles florecidas, no putrefactas; porque cada paso firme mío, será tu renacer.

Soneto al SIDA

Mil doscientas noches cargo un dolor.
Camino a través de un angosto mar
bañado de elipsis. Deambular
sobre la claridad de mi clamor

si nadie entiende que poseo amor.
Soy rosa que comienza el marchitar,
ya que de nada merece regar
a mis pétalos que perdieron su olor.

Acaso sueñe cuando en tu mirada
pura me resucite, me düela.
Déjame beber, mojarme en tu riada

que mi ejército débil ya no vela
en la noche, ya menos estrellada.
Marcho sin retorno. Sé centinela.

(Dedicado a aquellas personas que padecen este mal y, en especial, a alguien que ya no está)